EL PENTESCOSTES: UN LLAMADO A LA REUNIFICACION

Este domingo 4 de Junio se celebra en el mundo cristiano, al menos por un buen segmento del mismo,  el Día del Pentecostés (Hechos 2:1-13). Debido a que esta celebración se puede decir que nos recuerda el nacimiento de la Iglesia, los creyentes en el mundo entero deberían acudir masivamente a sus lugares de adoración para festejar dicho acontecimiento. Es obvio, que la celebración no debiera realizarse por mera tradición sino porque estamos conscientes que Dios nuestro Señor, continua derramando su Espíritu sin limitaciones en la Iglesia y el mundo entero. Aunque en nuestra realidad, la iglesia en general, refleja tantas divisiones en sí misma, el Pentecostés fue y es un evento de reunificación del Pueblo de Dios a través de las diferentes lenguas/idiomas y culturas.

 

El Pentecostés es la integración / unidad del pueblo de Dios y no la desintegración.  Cuando se habla de integración, se asume  que no debe haber acepción de personas. Una interpretación inadecuada del evento del Pentecostés, ha guiado a la iglesia a la desintegración y consecuentemente a dar un testimonio negativo de lo que es su misión en medio de este mundo pecador. Pero como verdadero pueblo de Dios, el Pentecostés nos hace un llamado a buscar intencionalmente la reconciliación entre todos los creyentes, para que la integración pueda ser una realidad en la vida individual y colectiva del cuerpo de Cristo. Como los 120 en el Aposento Alto, nosotros debemos buscar intencionalmente y  permanecer en unidad para que el fuego del Señor llene, purifique y consuma todos los elementos indeseables en nuestros corazones.

 

El Pentecostés es un rotundo no al poder humano y la imposición de una sola lengua y cultura. Es evidente que en el Día del Pentecostés, los discípulos estaban juntos a pesar de sus diferencias. Ellos/as tenían en común una razón muy grande: Amaban y adoraban a Jesús y estaban dispuestos/as a obedecerle para recibir la promesa del Espíritu Santo. Debido a la multiculturalidad y el multilingüismo presente en la ciudad de Jerusalén, a los obedientes discípulos se les otorga el don de poder predicar el evangelio en otros idiomas y a los oyentes oír y entender el mensaje en los suyos propios. La presencia de lenguas-culturas dominantes y lenguas-culturas  minoritarias o subordinadas,  política y socialmente hablando es evidente. La expresión “les oímos hablar de las maravillas de Dios” (Hechos 2:11b) refleja claramente, por un lado, la obligación de quienes lideran la iglesia de predicar y a la vez el derecho de las comunidades a escuchar las buenas nuevas en sus propios idiomas y de acuerdo a sus culturas.

 

El Pentecostés es un evento de transformación y cambio. Cuando el pueblo de Dios intencionalmente busca la unidad,  a pesar de las diferencias, el Espíritu lo llena y capacita para hacer hasta  lo que se ve imposible de lograr. El Pentecostés mueve a la iglesia hacia una Koinonía (comunión) activa y dinámica, no estática. El Espíritu Santo nos hace dar un paso extra. Por ejemplo, Pedro el apóstol  no parece ser un orador, pero se puso de pie junto a los otros apóstoles, tomó la palabra con valentía y se dirigió a la multitud con un mensaje convincente. El Pentecostés debe motivarnos a nosotros como pueblo de Dios a ponernos de pie, alzar la voz y predicar las maravillas de Dios que transforman el ser total. No tenemos necesariamente que seguir predicando solo los fracasos de nuestras denominaciones y congregaciones. El discurso tradicional de frustración y lamento solo lo podemos cambiar nosotros mismos bajo el poder del Espíritu Santo. El cambio empieza dentro de nuestra propia persona.

 

El contexto de la historia del Día del Pentecostés nos enseña que los miembros de las comunidades que escucharon el mensaje predicado por los apóstoles, fueron los primeros portadores del evangelio a sus propias ciudades, pueblos y aldeas. Como denominación en general, Sínodos, Presbiterios, CAUCUCES, Organizaciones y congregaciones, debemos mantener como meta que nuestros eventos especiales sirvan para predicar un mensaje entendible y culturalmente relevante, de tal manera que las personas que no pertenecen a las élites puedan ser portadoras de las maravillas de Dios a sus respectivas comunidades.  Que nuestras celebraciones de este domingo 4 de Junio 2017, sean una nueva experiencia de verdadera transformación y que nuestro mensaje resuene no solo dentro de nuestros lugares de adoración sino que sea esparcido hacia todos los barrios y comunidades. ¡Les deseo un gozoso y reflexivo “Domingo de Pentecostés”!

PP Morataya

Pastor PIPH

Moderador HPHL

Director ELET

2 de Junio del 2017

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